Consciencia y Conciencia.

Lo siguiente ayuda a clarificar tres conceptos que suelen usarse y entenderse como “sinónimos”.

—Darse cuenta. Apercibimiento de las sensaciones y fenómenos externos e internos, físicos y anímicos, mediante los sentidos y/o receptores sensoriales del  sistema nervioso. El cuerpo se da cuenta. El Yo como cuerpo se da cuenta.

Consciencia.  Apercibimiento de las sensaciones y fenómenos externos e internos,  físicos y anímicos, mediante los sentidos y/o receptores sensoriales del sistema nervioso;  y cognición y comprensión de sus causas y efectos mediante el intelecto (cerebro). El Yo como Alma y su personalidad, está consciente, pero no plenamente. El nivel de consciencia del Alma humana, en la inmensa mayoría de la Humanidad, es deficiente.

—Conciencia. Apercibimiento de las sensaciones y fenómenos externos e internos,  físicos y anímicos, mediante los sentidos y/o receptores sensoriales del sistema nervioso; cognición y comprensión de sus causas y efectos; cognición y comprensión de su  esencia, el noúmeno, “la cosa en sí”, lo que está más allá de su apariencia; y sometimiento a reflexión, discernimiento y juicio interno del propio Ser mediante la Inteligencia (corazón y cerebro). El Yo como Espíritu-Ser está completamente consciente y es plenamente conciente.

Por sensación y fenómeno debe entenderse toda manifestación, hecho, acto, acción, suceso, perturbación, movimiento, actuación, síntoma,…, todo aquello que reciban e impresionen los sentidos y/o el sistema nervioso.

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La Conciencia como eje central del Espíritu-Ser, (Inteligencia-Conciencia-Voluntad) solo concibe y compele la conducta absolutamente acertada, recta y virtuosa.

La Conciencia conoce, percibe y discierne lo absoluto, nos hace saber y distinguir con absolutez, sin duda alguna, la verdad de la mentira, la bondad de la maldad, el altruismo del interés, la sabiduría de la ideología, el conocimiento de la información, la justicia de la legalidad, y la belleza de la modernidad.

El intelecto, potencia que permite entender, razonar, aprender, tomar decisiones y formarse una idea determinada -casi siempre subjetiva- de la realidad percibida, no es la Inteligencia, que dota de un “poder superior” para investigar, identificar y conocer la esencia o esencial de los seres, las cosas y sus manifestaciones. Tampoco deben asociarse en similitud o igualdad con la listeza, agilidad intelectual; ni con la astucia, habilidad para comprender y obtener provecho propio mediante engaño o evitándolo.

La verdadera y plena Inteligencia es íntegra y pura, es impecable y solamente se desarrolla en la impecabilidad. (Ver “La verdadera inteligencia”)

En lo anterior he hecho remarcada diferencia entre estar del Alma  y ser del Espirítu. Aunque los verbos ser y estar se asimilan intelectualmente porque así nos lo han enseñado, no lo son en esencia.

El Espiritu-Ser es, y está en un alma. El Alma está, y está en un cuerpo.

Solo lo que es, permanece; lo que está, cambia, se transforma o desaparece.

Consciencia es al Alma y su personalidad, como Conciencia es al Espíritu-Ser y su individualidad.

La Conciencia no está condicionada ni sometida a consideraciones de la personalidad, a lo personal o personalista; es la personalidad quien debe escuchar y considerar (reflexión meditada) lo que manifieste la Conciencia.

Cada persona posee una Consciencia particular o subjetiva, la “s” nos recuerda su naturaleza subjetiva; pero en cada una solo acciona una Conciencia, Conciencia del Ser o Yo Real, siempre objetiva, que es la Conciencia Una actuando en cada uno a través del propio Ser acorde a su estado, situación y circunstancias.

Elevar y expandir la Consciencia consiste en apercibir, conocer y comprender más y mejor las causas y efectos de los actos propios y ajenos; y someterlos mediante la Voluntad al juicio  de la Conciencia para actuar acorde.

Todo lo anterior es de fundamental comprensión, pues la confusión de ambos términos, Consciencia y Conciencia, siempre boicotea la solución de los conflictos. La Conciencia le hará saber a las partes “enfrentadas” cómo actuar, para consensuar y resolver en el reconocimiento de la Verdad y el respeto de los derechos legítimos de cada uno.

Los jueces y políticos son muy propensos a minimizar la Conciencia y a someterla al  ordenamiento jurídico, en especial cuando es puesto en evidencia por la Conciencia Una.

En este mundo y por parte del Sistema que moldea nuestro pensamiento, se nos ha hecho creer que la Conciencia es la de cada uno, particular, subjetiva y que puede adaptarse a nuestras necesidades, deseos, intereses o conveniencias. Leer ¿Libertad de Conciencia?

Una vez más. Mi Conciencia es la Conciencia Una interactuando en mí y conmigo acorde a mi estado, situación y circunstancias, de modo que cuando mis actos tengan consecuencias sobre otros, me advertirá a considerar y me compelirá a que prevalezca el cuidado, interés y derecho del prójimo sobre el propio.

Muchos son quienes dicen ser concientes, pero por lo general se trata de un “autoengaño” del Alma, gestado desde el No-Ser (ego y legión) para aparentar, para arrogarse un nivel que no ha adquirido. La “conciencia” que no se manifiesta en actos coherentes y consecuentes, se queda en mera Consciencia.

NO ES CONCIENTE, QUIEN CONSCIENTE, CONSIENTE LA CONDUCTA ERRÓNEA O DAÑINA DEL INCONSCIENTE PROPIO O AJENO

Pongamos el ejemplo de un fumador a quien le preguntamos si es consciente de las causas y efectos de su adicción, a lo cual nos contesta rotundamente que sí, incluso nos da una larga y sesuda explicación; pero si reconoce el daño que causa el tabaco y no es capaz de dejar radical y definitivamente de fumar, entonces su Conciencia está inhabilitada, bloqueada, apresada en un Alma que ha optado por los argumentos intelectuales y “seductores” del No-Ser: “de algo hay que morir”, “a disfrutar que son cuatro días”,”pero no fumo mucho” etc, etc,…).

La incapacidad para no actuar acorde a lo advertido y “ordenado” por la Conciencia es síntoma de una Voluntad débil o inexistente.

La verdadera Voluntad, que no se debe confundir con el libre albedrío o elección, solamente puede ser desarrollada y fortalecida a través de un proceso consciente de autodisciplina, que implica renuncias y privaciones, intransigencia con justificaciones y disculpas, e intolerancia con las tentaciones, para someterse a los dictados de la Conciencia. Esta es una labor que requiere una “guerra” interior entre la Consciencia (dominada por el No-Ser), que tiende a eludir la disciplina, y la Conciencia del Ser que compele a ella. Hacer lo que a uno le place y justifica es fácil, hacer lo que se debe contrariando el particular gusto, placer, deseo o interés, es arduo.

Otros ejemplos los tenemos en las constantes campañas públicas para “sensibilizar las consciencias” respecto a asuntos que son inconcebibles para la Conciencia: no ensuciar o dejar residuos, no hacer ruido, no conducir bebido o drogado, no dañar o violentar al prójimo,… ( un larguísimo etc ).

Apercibir. Conocer o comprender algo reconociéndolo o interpretándolo con referencia a lo ya conocido.

Discernir. (Del lat. discernĕre). tr. Distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas. Comúnmente se refiere a operaciones del ánimo.

—Una situación ilustrativa.

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Juan es un experimentado motorista, acaba de comprarse una moto de última generación, y decide ir a probarla en una carretera sinuosa poco transitada.

Darse cuenta.  Juan se pone a prueba, apercibe que está circulando de modo temerario.

Consciencia. Juan, a pesar de apercibir que circula al límite, se siente confiado, está seguro de que puede resolver cualquier imprevisto o situación inesperada, reconoce las posibles consecuencias, pero se dice a si mismo que es “tan bueno” que será capaz de superar cualquier imprevisto.

Conciencia. Juan, desde que salió de su casa condujo prudentemente y no cayó en la tentación de “probarse” a sí mismo mediante la moto. Procuró no hacer ruido en las zonas urbanas por donde transitó, y en la carretera experimentó el momento presente, gozando del viento en su cara y del paisaje, pues la velocidad a la que circuló se lo permitía. No dejó en ningún lugar, rastros de su paso.

***

Y como última pero fundamental reflexión.

Hay una idea equivocada respecto a la necesidad del despertar de la Conciencia.

La Conciencia siempre ha estado despierta y hablándonos; lo que sucede es que estamos sordos, hemos sido ensordecidos por el Mundo, y el ruido de lo mundano hace que permanezcamos insensibles a la voz clara, radical y absoluta que desde el principio de nuestra existencia clama en nuestro interior. Por lo que en lugar de despertarla, ha de ser liberada de todo aquello que impide que se manifieste plena y vigorósamente.

Leer:  La Conciencia Una: DIOS

Leer: El “engranaje” del Ser.

Leer:  El “desengranaje del No- Ser”

Leer: ¿Libertad de conciencia?

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